Cultura Escolar

La crea­ción de cul­tura es inhe­rente a la acti­vi­dad de los gru­pos huma­nos, desde los paí­ses hasta las fami­lias, todos nos encon­tra­mos inser­tos en ella; a modo de cajas chi­nas, la cul­tura modela las rela­cio­nes entre sus miem­bros, crea sen­ti­dos de per­te­nen­cia y esta­blece orien­ta­cio­nes para el actuar en con­so­nan­cia con sus principios.

Las Escue­las, como gru­pos huma­nos ins­ti­tu­cio­na­li­za­dos con fines espe­cí­fi­cos, son crea­do­ras de cul­tura en la medida que cons­ti­tu­yen hori­zon­tes de sig­ni­fi­cado para sus miem­bros y son espa­cios para la inter­re­la­ción. Cada cole­gio tiene su pro­pia cul­tura esco­lar y forma parte de la cul­tura esco­lar de un país, un con­ti­nente y final­mente del pla­neta. Esta puede con­ce­birse como una suerte de sello que se va trans­mi­tiendo de gene­ra­ción en gene­ra­ción pero que, sin embargo, tam­bién se va recons­tru­yendo y rear­ti­cu­lando a medida que tran­si­tan dichas gene­ra­cio­nes, ya que son los pro­pios seres huma­nos los que crean y se ven afec­ta­dos por la cultura.

En la EAP la cul­tura esco­lar invo­lu­cra aspec­tos del currículo y del apren­di­zaje, de las nor­mas y del com­por­ta­miento de todos los agen­tes, a lo que se suman tam­bién las cere­mo­nias, tra­di­cio­nes y ritos que se rea­li­zan durante el año. Sin embargo, se sos­tiene fun­da­men­tal­mente en los valo­res y sig­ni­fi­ca­dos com­par­ti­dos y en la misión de la ins­ti­tu­ción, dando sen­tido a los acon­te­ci­mien­tos de la vida coti­diana y per­meando las rela­cio­nes entre sus miembros.

Una cul­tura esco­lar sólida, basada en la paz y el desa­rro­llo sus­ten­ta­ble, ha resul­tado ser un ele­mento cen­tral en el éxito de nues­tro modelo edu­ca­tivo, ya que es cono­cida y com­par­tida por todos los miem­bros de la comunidad.

Muchos de nues­tros alum­nos no cuen­tan con víncu­los de per­te­nen­cia fuer­tes o una fami­lia y entor­nos que otor­guen sen­tido de vida de acuerdo con una pauta való­rica clara y esta­ble­cida; por el con­tra­rio, abun­dan las his­to­rias de mal­trato, exclu­sión, pobreza, vio­len­cia y falta de oportunidades.

La Escuela se con­vierte enton­ces, en un espa­cio pro­te­gido y orien­ta­dor para sus alum­nos, for­ta­le­ciendo en ellos la dig­ni­dad, la auto­no­mía, la res­pon­sa­bi­li­dad, el orgu­llo de hacer las cosas bien, la con­fianza en sí mis­mos y en su pleno poten­cial. Lo ante­rior es fun­da­men­tal en la etapa del desa­rro­llo en la que se encuen­tran nues­tros jóve­nes (entre 13 y 19 años), donde están for­mando una iden­ti­dad inde­pen­diente y dando sus pri­me­ros pasos hacia la cons­truc­ción de su futuro. Su paso por la Escuela les otorga  la cer­teza de que pue­den alcan­zar en su vida lo que se pro­pon­gan, sin un “techo” que los limite y que con tra­bajo, cons­tan­cia y res­pon­sa­bi­li­dad pue­den con­ver­tir sus sue­ños en reali­dad. Aquí encuen­tran las opor­tu­ni­da­des para ello.

Para cono­cer más sobre nues­tra cul­tura esco­lar y la forma cómo for­ta­le­cer la pro­pia, ver: